MI INCONFESABLE PASION POR LAS AHOGADAS




INESPERADA EXPOSICIÓN DE UN HONORABLE MIEMBRO DE LA AEMSOMOS:


DE MI INCONFESABLE PASIÓN POR LAS AHOGADAS

Uno debería dolerse ante el lamentable espectáculo de una ahogada. Ante ese cuerpo que yace inerte en un charco que es como su propia sangre derramada, su carne, antes cálida y suave, ahora fría y amoratada. Su piel, su corteza otrora firme, reblandecida por la humedad que mana por sus poros. Pero alguna pieza mal acomodada en los confines de mi alma, alguna cuerda destemplada de mis instintos profundos, provoca que la vista de una ahogada me despierte un anhelo, una pasión que no me atrevo a confesar, pero que de igual manera no dejo de sentir y sufrir. Basta tener ante mí una ahogada, víctima propicia al sacrificio, estilando vida todavía sobre la húmeda acuosidad que la envuelve, para que inmediatamente surja en mí el deseo de poseerla, de dominarla, de devorarla. Y ni los principios morales, ni todas las convenciones sociales juntas, y ni aún las miradas ajenas, son suficientes para contener, para detener a tiempo, el impulso que me lanza sobre la desafortunada indefensa, para regocijo de mis basales y primitivas angustias. Y no bien he terminado de saciar mis instintos en su carne, devorando hasta su último mendrugo, mis manos aún teñidas de su roja sangre, cuando ya ha nacido en mí, una vez más, el insano anhelo por una siguiente víctima. Iniciando así una espiral que seguramente conduce a los infiernos, donde algún día iré para expiar esta lujuria, esta gula que corroe y alimenta mis entrañas.

Alfredo T. Ortega

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

TEXTO RECIENTE

CARMEN AVALOS DESTILA COLORES

CARMEN ÁVALOS DESTILA COLORES En su taller de magias de La Barranca, además de tejer sin término amistades, cariño...

NUEVAS ENTRADAS