BUSCANDO A LOLA




BUSCANDO A LOLA

"¡Lola, Lola!", estallaron los gritos en el aire limpio de la mañana temprana; "La están buscando", pensó un vecino, dando un sorbo a su café, mientras las parvadas que vienen del bosque cercano atravesaban el amanecer en pos de su diario sustento. La asociación de colonos informó de una mujer de cabellos negros que se paseaba en las tardes por el ancho camellón de la avenida, atisbando a las copas de los árboles, en busca de una pequeña esmeralda alada. Los niños tapiaron los postes del barrio de afiches, mostrando su fotografía y ofreciendo una recompensa, por si a su asustado vuelo lo hubiesen atrapado entre paredes, o incluso una jaula, del vecindario. Los días pasaron, los afanes languidecieron, algo parecido a la resignación fue cubriendo como el polvo a la casa. Pero algunas mañanas, todavía, una suave añoranza, saudade se dice en portugués, invade el aire de la habitación en el sitio preciso donde solía estallar su verde plumaje, y casi se alcanza a escuchar su grito estridente de salutación matinal.

Alfredo T. Ortega

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