LA NUEVA CONSTITUCIÓN
El Congreso de la Unión,
preocupado por la evidente disolución del pacto social, el desgaste de las
instituciones públicas, y la inminente desunión que por ello nos aguarda, ha
tomado la histórica determinación, plenamente justificada ante la incertidumbre
que prevalece en los actuales tiempos, y la crisis social que prevalece en la
mayor parte del territorio patrio, de erigirse, por vez única y en sesión
ininterrumpida, en Asamblea Constituyente. A fin de atender la urgente e imperiosa
necesidad de armonizar el espíritu de nuestras ya desgastadas altas normas con
la realidad que, innegablemente, deviene de manera cotidiana en nuestro sufrido
y maltrecho conglomerado social.
Por la misma urgencia que demanda
la impostergable tarea de salvar el futuro de la Patria, y a propuesta de la
mayoría parlamentaria, la susodicha nueva Constitución tendrá un solo capítulo,
que será sometido a votación nominal. A partir de su esperada aprobación, por
unanimidad o al menos por mayoría calificada, se desprenderá un intenso trabajo
legislativo, para construir a la brevedad posible el andamiaje jurídico de sus
leyes reglamentarias, derivadas y consecuentes, a fin de dotar a la Nación, tan
pronto como sea posible, de las indispensables normas para regular la
convivencia pacífica entre las personas, las organizaciones civiles y las
instituciones, a fin de recuperar la paz social y la senda del progreso que el
país merece y necesita.
Consciente de su
responsabilidad histórica, y sin menospreciar el agobio inmenso producido por
la misma, el Congreso Nacional ha alcanzado un consenso sin precedentes
conocidos para revisar, y en su caso aprobar, en una sesión que marcará para
siempre los anales patrios, esta breve e innovadora Carta magna:
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
NACIONALES
CAPÍTULO UNO
Artículo primero
Siempre que las condiciones políticas, sociales y
económicas lo permitan, el interés individual prevalecerá sobre el bien común,
sin menoscabo de que se propicie la convivencia pacífica entre los ciudadanos.
ALFREDO T. ORTEGA
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