INCIVILIDAD
El Supremo Gobierno, que vela siempre por la
salud y felicidad de sus ciudadanos, ha tomado la sabía decisión de construir
en cada ciudad y pueblo principal del país, un monumento a una de las
principales virtudes cívicas de la sociedad nacional, la incivilidad. La
honestidad con que los gobernantes y líderes políticos han asumido la arrojada
misión de recuperar, de una vez y para siempre, a la verdad como base primigenia
de la actuación pública, y fuente de inspiración para la tan necesaria reeducación
del pueblo ignorante, es sin lugar a dudas encomiable, y debe ser reconocida
con justeza. Por otra parte, gracias a la imaginación, creatividad y espíritu
patriótico de algunos escultores y arquitectos, que desinteresadamente, y bajo
el influjo poderoso del neo nacionalismo que ha sido divisa del nuevo régimen,
y con el generoso apoyo de ingenieros y maestros albañiles, se ha logrado
instalar, en un tiempo récord en la historia de la obra pública nacional, en
los caminos de entrada a cada población mayor de treinta mil habitantes, una
escultura que simbolice y exprese, con un profundo valor estético y filosófico,
la virtud de la incivilidad, que tan cara es a nuestra cultura nacional. No
está por demás comentar, en tres pinceladas, las características esenciales de
estos nuevos monumentos; una estructura lineal o semicurva que atraviesa de un
lado a otro la calle principal, simbolizando la perseverancia y rebeldía de
nuestro pueblo, sostenida por columnas laterales que le dan soporte, como lo dan
el albedrío y la temeridad a nuestro ser nacional. Los accesorios que adornan a
cada monumento se han dejado a la libertad estética de sus creadores, pues
precisamente la libertad ha pasado de ser una aspiración social, a uno de los
mayores baluartes de nuestra contemporaneidad, “Libertad a cualquier costo”,
reza el adagio. Y de esta manera se han ido incorporando a cada monumento
particular; estructuras tubulares, placas de concreto, estatuillas, planos
inclinados y escalinatas, que han fomentado el orgullo local y la autoestima de
cada una las comunidades a lo largo del país. El proyecto de honrar a nuestra
incivilidad ha sido declarado como máxima prioridad por el mismo presidente, quien
en su último informe de gobierno ha anunciado un presupuesto de obras sin
precedente, para que ninguna población que lo merezca se quede sin tener su
propio monumento, antes de la conclusión del periodo establecido por la
constitución. Lamentablemente, y como siempre, no han faltado los vándalos, malagradecidos,
hijos del rencor en contra de la sociedad que los ha prohijado, que se han
tomado el atrevimiento, amparados en la oscuridad de la noche, de agraviar a
tan queridos monumentos con improperios y letreros obscenos, entre los cuales,
el más frecuente por desgracia, reza: “PUENTE PEATONAL”.
Alfredo
T. Ortega
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