EL CHANGUITO
Y si no fuera mucho pedir,
que no me vuelva a tocar el juego del changuito en la pantalla del cajero
automático. Nacido en la generación de los videojuegos, suelo ser hábil con
estos aparatos, incluso gané algún concurso en la secundaria, y todavía logro
ganarle a mi pequeña hija a matar dragones y salvar princesas. Pero con la
máquina del banco no puedo, en cuanto aparece el changuito trepado en el
cocotero, el cual utiliza como catapulta para lanzarse hasta la otra palma al
lado opuesto del lago, sin poder remediarlo me bloqueo, y ya van cinco veces
que, sin desearlo, compro un seguro de gastos fúnebres con cargo a mi saturada
línea de crédito, y todo porque mi changuito termina siempre en las fauces del
hambriento cocodrilo que habita el lago. Ojalá termine la promoción, ya no
puedo pagar otro seguro más, y tampoco podría morirme seis veces.
ALFREDO T. ORTEGA
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