EL
ANGELITO
Para Eduardo y Marichuy, para Salvador,
para Bernabé,
para Armando el doctor,
para Rigoberto,
para Enrique José por supuesto
A veces, pero pocas veces, también en el cielo ocurren
equivocaciones. Entonces una pareja de mortales en vez de un lindo niño recibe
un angelito. Deslumbrados por la belleza de su querubín, los accidentales
padres restan importancia a las dos pequeñas protuberancias que se advierten
sobre sus omóplatos, o las ocasionales levitaciones del bebé sobre la cuna.
Perseverantes en su ceguera, lo crían igual que al resto de sus hermanitos, y
en secreto lo quieren más. Pasan los días y el angelito crece, más en belleza
que en estatura, en ocasiones el padre le riñe, y la madre se calla sobre la
vez que lo sorprendió flotando contra el
techo del comedor, o las ocasionales plumas que aparecen al lavar sus
camisetas. Pero un buen día alguien allá arriba advierte el impensable error, y
un rayo de luz cae del cielo sobre nuestro angelito mandándole llamar, entonces
él se siente apenado con sus padres terrenales, pero no puede evitar que le
broten alas en la espalda y que éstas le empujen hacia arriba, donde le
corresponde estar. Queda en la Tierra un hueco que no se puede llenar, y en el
cielo un arpa toca canciones de cuna que ya no puede olvidar.
ALFREDO
T. ORTEGA